Instrucciones de alta para usar oxígeno en su casa
Su médico le recetó oxígeno para ayudarle a facilitar su respiración. En el hospital, se le mostró cómo usar su unidad de oxígeno. A continuación encontrará algunos consejos para usar el oxígeno en forma segura en su casa. Siga todos los pasos cada vez que use su unidad de oxígeno.
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Pautas
Consejos generales
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No fume o deje fumar a otros a su alrededor.
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Lávese las manos antes y después de usar su oxígeno.
Paso 1: Controle el suministro
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Presurice su tanque de oxígeno.
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Controle el medidor de oxígeno del tanque para estar seguro de que tiene suficiente. Cuando el medidor indique un tercio (1/3), llame para pedir más oxígeno.
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Si tiene un frasco humidificador, controle el nivel del agua. Cuando el nivel esté en o por debajo de la mitad (1/2), rellénelo con agua estéril o destilada.
Paso 2: Conecte el tubo
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Conecte el tubo de la cánula a su fuente de oxígeno tal como se le mostró.
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Asegúrese de que el tubo no esté doblado u obstruido.
Paso 3: Ajuste el flujo que se le ha recetado
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Ajuste el oxígeno para que tenga el flujo que le ha recetado su médico.
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Nunca cambie este flujo a menos que su médico se lo indique.
Paso 4: Inserte la cánula
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Inserte la cánula nasal (tubo nasal) en su nariz y respire normalmente por la nariz.
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Si no está seguro de si el oxígeno está fluyendo, coloque la cánula en un vaso con agua. Si el agua hace burbujas, el oxígeno sí está fluyendo.
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Mantenga los tanques de oxígeno por lo menos a 5 pies de cualquier fuente de calor, especialmente radiadores o calentadores.
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Mantenga la habitación abierta para que circule el aire y no esté mal ventilado.
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Evite que su tanque de oxígeno se golpee y se caiga.
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Si su tanque se cae y hace un silbido, apáguelo inmediatamente. Si el regulador se rompe o no puede apagar el tanque en forma segura, quite el tubo y abandone la habitación. Llame a la compañía de suministro o a los bomberos para que le ayuden.
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¡No fume!
Cuándo debe llamar a su médico
Llame a su médico de inmediato si nota cualquiera de estos síntomas:
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Palidez o coloración azulada en la piel
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Respiración más pesada o acelerada de lo normal
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Problemas respiratorios, incluso con el oxígeno puesto
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Dolor de pecho
