Infección por Salmonela (salmonelosis)
La infección por Salmonela (también llamada salmonelosis) es una enfermedad intestinal causada por una bacteria llamada Salmonela. Algunos animales (como ciertos reptiles y pájaros) tienen a menudo Salmonela. Usted puede contagiarse al beber agua o comer alimentos que estén contaminados. La contaminación ocurre cuando la comida o el agua entra en contacto con los excrementos de personas o animales infectados. La carne de vaca, cerdo y pollo, los huevos y la leche sin pasteurizar tienen más probabilidades de estar contaminados con Salmonela que otros alimentos. La Salmonela suele contagiarse mediante comida que no ha sido bien cocinada o que ha estado en contacto con carne cruda o huevos.
Síntomas comunes de la infección por Salmonela
Los síntomas suelen aparecer
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Fiebre
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Cólicos
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Diarrea
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Vómito
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Náuseas
Diagnóstico de la infección por Salmonela
Se examina una muestra de excremento para determinar si contiene Salmonela. En ocasiones puede ser necesaria más de una muestra.
Tratamiento de la infección por Salmonela
La infección por Salmonela suele mejorar sin tratamiento en
Llame a su proveedor de atención médica si tiene:
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Síntomas que no mejoran después de
2 días -
Sangre en los excrementos
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Vómito intenso
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Dolor abdominal intenso
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Señales de deshidratación (boca seca y pegajosa, disminución de la cantidad de orina u orina muy oscura)
Prevención de la infección por Salmonela
Siga estos consejos para reducir las probabilidades de contraer o transmitir la infección por Salmonela.
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Lávese las manos a menudo con agua tibia y jabón, sobre todo antes de preparar las comidas, después de ir al baño, cambiar pañales o haber estado en contacto con algún animal doméstico. Enséñele a su hijo a hacer lo mismo.
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Utilice un termómetro para alimentos (para observar la temperatura de la carne al cocinarla). Cocine la carne de pollo hasta que adquiera una temperatura de 165°F como mínimo, la carne de cerdo y la carne picada hasta un mínimo de 160°F, y la carne de vaca y cordero hasta un mínimo de 145°F. Cocine los huevos hasta que la yema esté firme, no líquida.
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Lave o pele las verduras crudas antes de comerlas.
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Lave los utensilios de cocina y las tablas de cortar con agua caliente y jabón después de cada uso. Lave los mostradores de la cocina con lejía o desinfectante.
